
1. Annecy, la Perla de los Alpes franceses
Con un lago de aguas cristalinas, considerado el más limpio de Europa, y vista a las imponentes montañas cubiertas de nieve, Annecy te hace sentir dentro de un libro de historia. Ubicada en la región de Auvergne-Rhône-Alpes, a unos 150 km de Lyon y a 40 km de Ginebra, la ciudad tiene uno de los centros históricos más encantadores del interior de Francia.
Sus calles estrechas y canales de agua salpicados por casas coloridas y pequeños puentes peatonales contribuyen a su apariencia de cuento de hadas. La Rue de Sainte-Claire, la vía principal de la Ciudad Vieja, presenta edificios con arcadas de los siglos 16 al 18, que albergan tiendas y restaurantes con lo mejor de la gastronomía de los Alpes franceses.
Situado sobre una isla rocosa natural, entre dos canales, el Palais de l'île es sin duda el monumento más emblemático del lago Annecy. La construcción se asemeja a la proa de un barco de piedra, que parece avanzar en dirección al río. Después de sacar excelentes fotos, vale la pena visitar el Château d'Annecy, un museo-castillo en la cima de una pequeña colina.
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